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LA INTRIGA Y EL TIEMPO ( Fragmento)

Apenas cerrado, la hermosa ilustración iluminada del libro tembló. Seducido, el pajecillo advenedizo avanzó impúdico. Hizo suya la solitaria alfombra carmesí hasta el trono. Lo arrastraba la locura aromática del misterioso té. Traído recién del reino maharato,  doraba la copa caliente del pétreo soberano.  Un raro mohín, robando sus labios trémulos, precedió dos malos pasos antes de caer, bermejo el jubón,  fulminado. La mano cortesana ocultó su cólera amarilla...

Años después, muy lejos, alguien abrió la página. Un súbito alisio barrió las cenizas mortuorias del inmóvil salón. Al fondo, la multitud de príncipes... y un siniestro puesto vacío.

Autor:ARMANDO SOLER HERNÁNDEZ

EL CELOSO, EL PORQUERIZO Y LA MANZANA DE LA DISCORDIA (Trad.)

Entre virtud y juicio

Quedome con orificio

 

Anónimo.

Es de decires de vulgo “Donde las dais,las tomaréis”, y como dedo a analidades vienese este mentar sabio a lo que sigue. Érase el albéitar Gonzalo muy esforzado en trabajos y fatigas en pos de honrado sustento, maguer que celoso y de leches cortadas con su pareja, la que guardaba del vasto mundo con cuitados de cancerbero en encierros de aposentos y sin dejarla bregar de cotilleos con comadre alguna, lo que era vivo asunto en charlas entre el más del vecindario.

Dióse por esos tiempos una rara peste, que en habla de muy sabidos, origen tenía en ultramarina fuente, y que raleaba filas dentre los marranos de la comarca, dándolos a risa cruenta y sin fin que no dejabales dar gusto al hocico en sancochos puestos a vera, y los que al poco, flaquecidos y débiles, abandonabanse deste mundo en carcajada final con magra grasa y huesos y pellejos por sudario.

Estando en esos los tiempos  y temiendo tal por la piara dada a sus muchos cuitados por el amo, allegóse Lope, el porquerizo, a las habitaciones del celoso albéitar en busca de docto consejo y, por cosas de wembas africanas, hechicerías o vaya vuesa merced a saber, al invocar menudas veces en vano y no dar con señas de apercibimiento, escudriñó el susodicho dentre las tablas que presentaban cerrazón a canto en ventanadas y aberturas de la vetusta choza. Estaba en esas cuando pasó lpor los oscuros aposentos la enclaustrada dueña y distinguióla, y cautivado por tan buenas prendas y tales figuras y gestos, al domeñarlo una viril pertinacia, el honrado porquerizo, de muy bruto que dabase a la voluntad de sus hijares con tanto puerco a vera, penetróle  al saco entrambas, choza y señora, para males de primera y consuelo y jolgorio de segunda.

Pasado el tiempo, a las tornas del celoso albéitar éste se dió, desconfiado de ánima y muy fino de narices, a olisquear el ambiente y percatóse de trancas rotas y no destas sólo cuando sorbió de hocicos en la zona pudenda de su dueña. Embestiado, molió a palos a la que llamó pecaminosa, dándole tal sarta questa, a pocas y de plano, concretó sus sospechas. Con cólera rugiente, el corneado albéitar emprendióla a locas, tirando por suelos lozas, trastos y vestidos, sumido en embolvencia  bíblica, en pos de su toledano vengador. Empatóse con el acero y, tomando a garras por guagüeros  a su pareja infiel, partióse de urgencias hasta el villorrio, dando calzo a murmullos y comentarios del común su andar enloquecido, las peligrosas fintas de su armado brazo y los malos trancos que daba la infiel arrastrada.

Allegaronse por fin a la plaza mayor, donde se reunían poblanos y ganado, y encontróse allí al hato del porquerizo Lope, quién a esas dabase en taparse orejas ante la postrera carcajada de un otrora semental de la piara a su mando. Y tendría las entendederas cubiertas, mas las visuales no, y cuando apercibióse de dueña y burlado, aunque tardo de discernimiento, supose objeto preciado del agudo instrumento que sacudía el encolerado Gonzalo. Y de a primeras sus largas piernas se involucraron en acelerado esprinte, saltando cuerpos de sendos cerdos, ya perseguido a cortas por el cornúpeta, el que arrastraba al objeto de la contienda en loca persecución, para risa y fiesta de puercos y gentes, que daban ¡sus! en ánimo, recogiendo apuestas doquier.

En esas estabanse cuando la  causa del encono, atribulada por arrastres, en un azar prendió sus vestidos de un clavo exánime, que no por tal dejóle de arrancar ropas todas de un tirón, y fue de ampangas  el  azoro y luego la algarada padre al darse a vistas que la muy señora del albéitar Gonzalo érase señor, ¡ y de muy buenas prendas, según daban fe sus colgancias!

Metiendo mano al barbecho de sus oscuras tradiciones y en considerando el impedir daños colaterales que provocarían tales ejemplos en otros gallos tapados de la villa, fueron los tres manteados, apaleados y expulsados del lugar con culpa y baldón de lubricios y contranaturas, amén de engaño público y daño a las buenas costumbres. Con tráfago, silbaderas y lanzamientos de excrecencias, perdióse en lontananza aquel menajeatruá, a decires de francos.

Un dicharacho de vulgo reza que no hay mal que por bien no sea recibido y tal parece cuando, al tiempo, supose que dicho trío, al aparente de rencores aflojados, a buena y mancomunada vida se encomendaron en agreste gruta, a cueros limpios y  meneos montaraces, sin celos ni cosa de semejanza que enturbiareles sus retozos. Los poblanos, al darse a conocimiento de tal loca nueva, meneaban sus testas hirsutas en franco desconcierto y molían a sus dueñas, por un casual. De entuertos como digo, este motete quedó en villa con lo que dicho comente trae, que poco no toca a las entendederas:

PESE A TANTO ESCONDELLA

EL ALBÉITAR FUE TOCADO

E QUEDÓSE DEMOSTRADO

QUE VARÓN ERA, NO ELLA,

EL OBJETO DISPUTADO

¡ VAYAN TODOS CON CUITADO

 CON LO QUE TENGUEN AL LADO!

 

 

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